Fernández de la Fuente: Entre Materia y Representación
La obra de Dairán Fernández de la Fuente remite a la realidad con una autonomía formal que, lejos de cualquier
descriptividad, es una elaborada traducción de equivalencias visuales.
Desconozco Cuba, la tierra natal del artista donde sigue viviendo, pero me cuesta imaginar que el punto de
partida de sus imágenes haya sido aquella realidad. En el caso que así fuera, el artista ha logrado transfigurar
aquel entorno para instalar al espectador en un extraño territorio suspendido en el tiempo.
La indumentaria de sus personajes -que siempre funciona como insignia temporal, no se reconoce como actual.
Pareciera que el artista las ha encontrado en el desván del tiempo. Esos ciclistas definidos con grandes masas de
color contenidas en gruesas líneas aparecen como personajes legendarios de un mundo fabril. Las escenas que
transcurren en espacios interiores con músicos y cantantes parecieran congeladas en sus herméticos rituales y los
paisajes urbanos, ante todo, se presentan como el pretexto para una pintura neta que con grandes pinceladas
define las perspectivas con sus calles y sus caras; y los indefinidos personajes que aparecen son signos de lo
humano.
En cualquiera de los casos, su territorio se manifiesta como una lejanía o como un insólito viaje entre materia y
representación. Más atento al plano y a su propia pintura, el artista ha pensado el cuadro abstractamente, como
formas y colores de ahí que los rasgos de las figuras, objetos y paisajes sean apenas definidos; sólo vive la trama
de color que los evoca en estos ambiguos espacios que sostienen con la potencia de sus imágenes, sus
esquemáticas e incandescentes reminiscencias de lo real.
Raúl Santana
Buenos Aires, Octubre de 2006