PENSANDO EN VOZ ALTA...
Debemos admitir que todo esfuerzo creador opera en los límites de lo expresable y conlleva la pretensión de
abarcar fronteras que nadie había alcanzado.
Una obra no puede carecer de ese esfuerzo so pena de nacer muerta, sin vitalidad.
De suerte tal, que toda creación iniciadora es factor esencial en la obra de arte y abre, a la vez, el mundo
tradicional.
Pero sucede siempre en este aspecto, que para evitar que el continuo esfuerzo humano no se diluya en
discontinuidades caóticas, que los nuevos aportes guarden una profunda relación con las relaciones logradas
hasta entonces.
Es como si la integridad de la existencia se restableciera una y otra vez. Esto, podemos ver que ocurre en la vida
misma, en el campo del conocimiento científico y, naturalmente se puede observar en el arte.
Y es así, por cuanto un movimiento continuo, sucesivo y de permanente ruptura, podría destruir o amenazar la
integridad, coherencia y continuidad histórica de la labor humana.
Precisamente esto puede objetivarse en el arte. La sucesión ininterrumpida de vanguardias que no admiten
antecedentes y sólo pretenden ser iniciadoras, concluyen en la mayoría de los casos mostrando imágenes - formas
testigos de la plástica -sencillamente superficiales.
A partir de estos conceptos y considerando que los creadores y movimientos de la primera mitad del siglo XX
fueron elaborando un nuevo modo de comunicación que produjo la ruptura con el código del Renacimiento, es
posible pensar que estamos en presencia y utilizando un nuevo pensamiento plástico.
Entonces, así como en el siglo XV los creadores encontraron y desarrollaron un nuevo modo operatorio, en el siglo
XVI los artistas recibieron el nuevo código y su obra no consistió en producir un nuevo cambio, sino en ser los
continuadores de aquellos. Cabe preguntarse si acaso no nos espera una función semejante: la misión de
desarrollar el pensamiento plástico del siglo XX.
...Pienso, definitivamente, que nuestro camino es aceptar un código - que no hemos creado - y que recibimos
como herencia. A todo esto que constituye el pensamiento plástico del siglo XX, debemos incorporarle
elementos, ajustes, variantes que lo afirmen como modo de comunicación.
Y precisamente es aquí -como creo firmemente -, en esos elementes y variantes, donde debemos aparecer según
el punto de origen de la creación, la poética del lugar, el patrimonio cultural de un pueblo y de un
continente.
ALBERTO DELMONTE
Texto extraído de la revista No III.
"El Ojo del Río"
Abril 1992