En una oportunidad alguien le preguntó a una mujer si
era argentina. "Criolla y bien criolla contestó", "hija de tanos". Para ella se trataba del sumum del criollismo.
Luego de nuestras revoluciones, Carlos Pellegrini se
asomó al balcón de la Rosada y dijo: "Perdono a tutti".
Lombardo el ancestro de Crosatto pero, como en mi caso,
a partir de nuestros bisabuelos; el mío era sardo. Podemos
repetir: "Criollos y bien criollos".
Nuestra Escuela de Buenos Aires se inicia en La Boca
con las enseñanzas de Alfredo Lazzari, formado en las
Academias de Lucca, Florencia y Roma y entre sus
discípulos se cuentan Quinquela, Victorica y Lacámera.
A partir de entonces se produjo nuestra notable Escuela.
Es bueno entender este origen itálico de nuestros logros
estéticos. Por ello mal puede sorprendernos la admiración
de Crosatto por Tiziano o Giorgione, sin por ello obviar
a Remhrandt.
El gran arre de Crosatto parte de su manifiesta indiferencia por "el gran arte". Crosatto se limita a pintar aquello
que lo inspira en la vida cotidiana: escenas urbanas,
figuras, desnudos, naturalezas muertas. Todo lo hace con
naturalidad. En eso consiste su genio, en no pretender
serlo. No se propone lo inalcanzable; le basta con alcanzar
lo alcanzable. "Serás lo que debes ser", dijo San Martín.
Y Crosatto es nada mas y nada menos que él mismo.
Para llegar a esta conquista desde joven asistió al taller de
Carlos Alonso, luego de pasar niñez y adolescencia en
Zarate. Su paleta luminosa se empapó de rojos y rubíes al
servicio de un impecable dibujo.
Sin renunciar a su intimismo, sus composiciones tienen
un sabor épico, fiel testigo de su condición de americano.
Lo que aquí sucede en el plano del espíritu nene parentesco con lo que sucedió en Israel en tiempos del Imperio
Romano. Una provincia apartada y sin embargo por allí
pasaba el meridiano de Dios. Nosotros somos una
Terminal, como Vladivostock, y sin embargo por aquí
pasa hoy el meridiano espiritual.
Si Enrique Crosatto nos pertenece como maestro de la
Escuela de Buenos Aires es porque donde no hay
casualidad interviene la Providencia. Y francamente no
creo en las casualidades. Crosatto cumplió un destino
como lo quiere Fierro: "Yo no sé lo que vendrá / tampoco
soy adivino / Pero firme en mi camino / Hasta el fin de
seguir / Todos tienen que cumplir / con la ley de su
destino."
Recorrer la obra de Enrique Crosatto es pasearse por la
versión del hombre nuevo de América. "Esto es pura
realidá". La gran aventura humana encontró su
prolongación en nuestras playas. Nuestro Río de la Plata
es cuna como el Nilo.
Es premio de nuestro destino contemporáneo con
maestros de la talla de Enrique Crosatto.
RAFAEL SQUIRRU |